Inicialmente íbamos a ir todo el fin de semana, hasta tenía reserva en el Gold River para el sábado, pero por motivos familiares, tuvimos que cancelarla. Aún así, mi hermana pequeña y yo sí que quisimos estar presentes en la primera noche blanca del verano 2013… y además desde primera hora de la mañana. Más de 18 horas non-stop.
A las 9:30 entrábamos ayer en Mediterránea, enfilados hacia el Furius Baco. Mi hermana la probó el año pasado en la primera noche blanca de todas, pero ayer se abstuvo de volver a subir.
La siguiente fueron los Grand Canyon Rapids y después la Stampida, en la primera vez para mi tata (le encantó).
Una de las pocas atracciones apaches, Volpaiute, fue la siguiente para ir acto seguido a El Secreto de los Mayas, en donde nos reímos de lo liiindo. Encontramos la salida bastante pronto pero quisimos seguir explorando el templo y entonces nos desorientamos definitivamente.
El Diablo: el tren de la mina fue la siguiente parada para abandonar México justo después y cruzar China rumbo a Polynesia. Allí quisimos probar el Kontiki, y menuda sensación más horrorosa; lo pase peor allí que en el resto de todas las atracciones. El estómago subía y bajaba como un pistón y las nauseas me taladraban en cada balanceo.
Antes de comer, fuimos a la vergüenza del Sea Odyssey 4d, que no llega a ser ni la sombra de lo que fue la genial atracción del Seafari, Institut oceanique, Profesor Alga, Sami y Octobot. Cada vez que entro allí salgo casi llorando de nostalgia. Ahora hasta el cartel de la estatua del exterior está roto. Sea Odyssey… quién te ha visto y quién te ve.
Como veis, una combinación de atracciones fuertes, con otras más suaves, para el disfrute de mi hermana y al menos, la novedad para mí, que rara vez había optado por montarme en atracciones que no fueran majors.
La comida fue en Polynesia, al son de Pareos en Bora Bora. Me pedí una hamburguesa para celiacos, deprimente y muy poco apetecible en comparación a la suculenta hamburguesa de mi tata (soy celiaco desde hace un mes, estoy en pleno proceso de aceptación).
Tras la comida entramos en la pomposa área de SesamoAventura para montar en los Magic Fish, terriblemente divertidos por cierto y ya por fin fuimos al Shambhala.
Tras la hypercoaster que nunca defrauda a pesar de que tuve que montar en solitario, acompañé a mi hermana a montar en el Tami Tami, muy graciosa aunque corta.
Tutuki Splash fue el siguiente paso y tras mojarnos a muerte decidimos ir a los troncos para seguir con las acuáticas, pero tuvimos la pésima idea de ir en el Tren desde Estació del Nord, y digo pésima porque fue donde desaprovechamos más el tiempo de todo el parque. Esperamos mucho rato para luego tener que bajar en Sesamo Estación, luego volver a montar para ir a el Oeste…. Larguísimo… Al menos, vi toda la decoración que hay al lado de las vías del tren en Polynesia, algo que desconocía por completo. Eso sí, la velocidad a la que va el convoy es irritante.
Silver River Flume también son una ricura y lo pasamos genial. Salimos mojados hasta los tuétanos y nos fuimos al Templo del Fuego (que grande es!!) para secarnos antes de cenar.
Para la cena habíamos escogido The Old Steak House, porque hace años había música en directo. Hacía 3 años que no iba a comer o cenar allí y de repente me encuentro con que no hay ni un músico, ni siquiera música, solo unos siniestros osos silenciosos. Decepción enorme, pero allí nos quedamos, porque había menú para celiacos. Gran pérdida.
A continuación, con un atardecer maravilloso (ocaso ya más bien) fuimos a disfrutar de otra Stampida, ya que a mi hermana le había encantado y también repetimos en El Secreto de los mayas, aunque fue un poco menos divertido, todo sea dicho, que la primera vez.
Las Tea Cups fueron un buen pasatiempo hasta que llegaba la hora de comienzo del Bubblebou. El nuevo Bubblebou, cargado de música electrónica, es fabuloso. Mi tata nunca había estado en este genial espectáculo y salimos muy contentos.
El Dragon Khan le asusta a ella pero hicimos una cola de una media hora para que yo me pudiese montar en el clásico de los clásicos. De fondo, Marcel Ventura la liaba en la fiesta de la Espuma.
We Are Music Generation fue una auténtica pasada a pesar de que los patinadores te lo hacen pasar fatal. Un espectáculo circense al más alto nivel.
Para terminar, un Shambhala nocturno, que nunca había probado con el manto de estrellas como techo.
3:57 saliendo de Polynesia… 4:02 del torno definitivo. Cerca de 19 horas. Las piernas entumecidas, pies con ampollas, brazos ateridos por el frío y la cara de zombies. Así es como completamos el reto de la noche blanca pirata. Conseguido!!!! Y solo una única major sin probar en esta ocasión: el Hurakan Condor, que con esas colas de escándalo a cambio de 3 segundos… se te quitan las ganas.
BRUTAL. Lo peor es que pronto tendré ganas de más jajajaj
NOCHE BLANCA PIRATA ¡18 HORAS NON-STOP!
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PAmaniaco
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